Por qué existe este sitio · Observed State Index
Un feed no es una respuesta
Un día me levanté con una intención sencilla: saber si el mundo funcionaba como todos los días. Abrí las redes sociales y, tras un tiempo indefinido de desplazamiento infinito, me di cuenta de que no había ninguna respuesta clara. En lugar de resignarme a esa opacidad, decidí construir mi propio instrumento de medición.
Esa fue la motivación: dejar de confiar en el feed para saber si el mundo funciona y, en su lugar, medirlo yo mismo.
Aburrido a propósito
Rechacé de inmediato lo que ya existía. Había visto demasiados paneles brillantes —mapas en tres dimensiones, fondos negros con demasiados puntos rojos, tableros sofisticadísimos sin una sola conclusión concreta— de los que salía sin haber aprendido absolutamente nada.
Esa experiencia cristalizó en una convicción precisa: quería dato duro, no ornamento. No un semáforo elegante, sino un número en el que pudiera confiar sin necesidad de interpretarlo. De ahí salió el principio que acabé llamando boring by design.
El mundo, la mayor parte de los días, es rutinario, y un instrumento honesto debe reflejar esa normalidad en lugar de dramatizarla. Un tablero repleto de gráficas espectaculares miente sobre un estado que casi siempre es ordinario.
Con aritmética, no con entusiasmo
Apliqué el mismo criterio cuando aparecieron las proyecciones infladas. Una me prometía trescientos millones de visitas; la descarté con aritmética de servilleta en vez de con ilusión. Ahí quedó claro que el proyecto no iba a perseguir la viralidad ni la fortuna: sería honesto o no sería.
Lo mismo cuando me dijeron que no hacía falta una línea base, teniendo ya ocho meses de datos reales guardados —el primero es del 29 de diciembre de 2025—. Sin historia contra la que comparar, «normal» no significa nada.
Ponderar es opinar disfrazado de dato
Cuando llegó el momento de combinar señales tan dispares como la aviación, la conectividad de internet, los sismos y los mercados en un solo indicador, llegué a una conclusión que mantuve sin fisuras.
Alguien tendría que decidir cuánto pesa un apagón de internet frente a un temblor, y esa decisión no es un hecho: es un juicio. Preferí que cada fuente hablara por sí sola.
Preferir la incertidumbre a esconderla
Durante todo el proceso me negué a inflar cualquier cifra o certeza. Ni el tráfico esperado, ni la fiabilidad de una fuente, ni el significado de que no haya anomalías.
De esa postura nació la regla de tratar «sin datos» como un estado de primera clase, con la misma prominencia visual que «en rango». Y de ahí también la declaración explícita de que los datos de mercados pueden contener errores, y la transparencia sobre el día en que la propia fuente de conectividad sufrió una incidencia y el sistema la leyó como una anomalía mundial.
Boring by design describe un instrumento, no una promesa.
Lo que costó
Busqué una tecnología que no me obligara a comprar hardware y en la que el tiempo invertido sirviera para algo más que este proyecto. La idea era que los procesos corrieran solos consultando fuentes abiertas, y que el dato se procesara hasta acabar publicado en una página. AWS resultó lo más razonable y lo más barato.
La curva fue dura. Nunca había usado AWS a fondo: sabía lo básico y poco más. Aquí aprendí qué es un Lambda, qué es Glue, qué es Athena y un buen puñado de tecnologías que hasta este proyecto eran solo nombres para mí.
Aprendí a base de romper cosas en la consola. Hacer clic, ver qué pasaba, deshacerlo. Los permisos fueron lo más difícil con diferencia: un permiso que falta no se parece en nada a un error de programación — no revienta, no avisa, simplemente hace que algo deje de ocurrir sin que nadie lo diga.
De una cadena a una máquina de estados
La primera versión encadenaba los procesos a mano: una función llamaba a un trabajo de datos, ese trabajo llamaba a la siguiente función, y esa a la siguiente. Funcionaba, pero no había ningún sitio donde mirar qué había pasado. Si algo fallaba a la mitad, lo que quedaba era un registro suelto por cada eslabón y ninguna forma de ver la cadena entera.
La rehíce con una máquina de estados por proceso. La ganancia no fue de velocidad ni de coste: fue poder ver la ejecución completa en un sitio, y que un fallo dejara de ser un misterio repartido en siete registros.
Es la clase de cambio que no mejora el producto en absoluto y que aun así había que hacer.
Hacerlo acompañado
Buena parte del camino la hice con Claude Code. La diferencia con la consola no fue la velocidad: fue que podía leer todo el proyecto a la vez — el código, la infraestructura y el historial de decisiones — y por eso cazaba las contradicciones que yo ya no veía por estar demasiado dentro.
No siempre tuvo razón, y varias veces le discutí una recomendación con datos y resultó que la equivocada era la suya. Eso también forma parte de trabajar así: sirve mientras lo que dice se pueda comprobar.
Y ahora
Antes de esto llevo veinte años viviendo del dato en finanzas —cartera, riesgo de crédito, indicadores de operación, automatización con VBA y SQL, y los informes que acaban en la mesa de un comité—. Lo que ves aquí es lo que le añadí encima: AWS, Python, Athena y máquinas de estados, aprendidas construyendo esto mismo. Ahora estoy certificándome —Cloud Practitioner y Data Engineer Associate— para formalizar lo que aprendí operando. El orden fue ese: primero el sistema en producción, después el papel. Quien escribe esto está en LinkedIn.
Y si necesitas algo parecido —vigilar una fuente OSINT, sacar datos de una API, montar un pipeline en AWS que corra solo, se vigile a sí mismo y avise cuando algo se salga de rango, o poner orden en unos datos que ya tienes—, escríbeme y lo revisamos. Puede ser esto mismo con tus fuentes y tu cadencia, o algo que no se parezca en nada.
Fue un viaje divertido, y todavía no termina.
Crear mis propios indicadores fue un reto, pero saber que el mundo funciona en este momento me da una tranquilidad que lo justifica entero. Porque aun con problemas enormes —con guerras en varias partes del planeta— hoy sigue funcionando.
O al menos eso indican los números.
Esto mismo, una vez al día, en Telegram.
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